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| Imagen vía www.juegos.es/blog |
En Catalunya hace meses que reina la incertidumbre alrededor del futuro de las Cajas. Un modelo que parecía ideal, en el que destinaban gran parte de los beneficios que obtenían a obra social.
La crisis económica e inmobiliaria ha llevado al sector financiero a una situación límite. El número de morosos no para de aumentar y, en muchos casos, el impago de sus inmuebles acaba desencadenando en un desahucio. Esta situación ha hecho que las Cajas (y los Bancos) se hayan visto obligadas a ejercer también de inmobiliarias.
Tienen un stock de casas y pisos mucho más grande de lo que pueden soportar, mientras que sus arcas cada día están más vacías. ¿Y entonces? Deben vender los inmuebles pero a la mayoría de gente no le pueden ofrecer financiación por falta de seguridad en las operaciones. La inestabilidad laboral sumada al índice de paro más elevado de toda la historia imposibilita que uno pueda asegurar a las entidades financieras que podrán afrontar con garantías todos los pagos de la hipoteca.
El tiempo nos ha demostrado que mientras todo iba bien, el sector inmobiliario se enriquecía y, de su brazo, las Cajas también. Nadie perdió ni un segundo en pararse a pensar lo que pasaría si se “giraba la tortilla”.
Las Cajas se viciaron con esa situación de tal forma que cada día eran más los consejos directivos que acordaban aumentar sus sueldos hasta unas cantidades astronómicas.
Después del periodo de fusiones y absorciones que han vivido las Cajas de Catalunya resulta que la situación no ha mejorado. Y no me extraña. Pondré sólo un ejemplo que pone en evidencia a la capacidad de los directivos de las Cajas para cambiar la tendencia que les ha llevado a la crisis financiera actual.
Catalunya Caixa pedirá 1000 millones más que se sumarán a los 1250 millones de euros que ya pidió al FROB (Fondo de Restructuración Ordenada Bancaria. Al poco tiempo de su reestructuración anunciaban un aumento de sueldo de su director General, Adolf Todó, que pasaría a ganar 800.000€ brutos anuales (antes 600.000€), y de su subdirector general, Jaume Massana, 600.000€ (antes 375.000€). A todos estos aumentos le podemos sumar el sueldo que cobrará el presidente de la nueva entidad, 200.000€ anuales por su dedicación a tiempo parcial (frente a los 600.000€ que tenía que ganar si su dedicación fuera a tiempo completo).
Lo que no consigo entender es cómo puede ser que, Gobierno y organismos europeos encargados de supervisar las fusiones hechas (y futuras), permitan que los altos directivos de estas Cajas hagan tales artimañas por su mero beneficio.
Es sólo un ejemplo y os podría poner más, pero mejor no caldeamos más el ambiente, pues al final de todo siempre acaban pagando la crisis los mismos.
Cada día aparecen nuevas noticias sobre lo que pasará con las cajas. Sólo deseo que de una vez por todas se hagan bien las cosas. Sólo así empezaremos a salir de la crisis.
Un abrazo,
El Aprendiz

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