En Andalucía a la gente le gusta mudarse. La elegancia está presente en las calles andaluzas, no sólo en las personas, sino en las tiendas. Hay muchísimas tiendas de ropa y joyerías en las que detenerse. En la mayoría de los escaparates se podían contemplar los mejores vestidos y trajes, y las mejores joyas y relojes. No importa ni el estilo de la tienda, ni el público al que se dirigiese, pero en todas ellas los escaparates se vestían de gala.
Y como no, toda la elegancia que se puede contemplar en las tiendas acaba trasladándose a las calles. Pude apreciar el glamour andaluz por todas partes.
El día que estuve en Málaga coincidió con Nuestra Señora la Victoria, motivo por el cual hicieron una procesión. Eso sí que era clase y devoción. Todo el mundo a la calle para ver pasar la imagen y como no, elegantemente vestidos.
Pero si hablamos de glamous y saber estar, no podemos pasar por alto Marbella.
A Marbella fui con el prejuicio de todo lo sucedido con la corrupción política y urbanística de la zona, pero la verdad es que me llevé una sorpresa. Me encantó. Todo estaba impecable, pulcro, y se respiraba un ambiente que te obligaba a borrar de tu mente cualquier pensamiento negativo hacia tal ciudad. Con todo esto, fue imposible no dejarse caer por Puerto Banús.
Puerto Banús es algo de otro nivel, la verdad, sólo hace falta ver los “barquitos” que hay allí amarrados y los “cochecitos” que llevan sus propietarios. Algo prohibitivo, sí, pero el paisaje vale la pena.
Allí gozareis de unas buenas vistas del mar, sentiréis la brisa marina en vuestro rostro, y si os apetece, podréis dejar fluir vuestra imaginación para intentar descubrir lo que haríais con una cuenta corriente con 7 ceros.
Ante todo, Salud!
El Aprendiz
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